Mother's Day

By Twenty One Cycling

Coraje, determinación, ímpetu y un aprendizaje continuo. El ciclismo no te prepara para ser madre, pero sus valores están presentes en cada momento. Por este motivo, en Twenty One queremos homenajear a aquellas madres que no dejan de lado su pasión durante el trabajo más difícil y bonito del mundo. Presentamos las historias de Sofía, Estefani e Isabel, tres madres y ciclistas que nos explicarán qué representa este deporte para ellas y cómo consiguieron combinar sus rutinas con su pasión.

Estefani Rottier

“Es un reto personal diario. Es una sensación de libertad plena. Es compartir, disfrutar.” Tendrán una gran suerte Leonor y Max, de 12 y 11 años respectivamente, si consiguen entender en toda su expresión el significado de estas palabras de su madre cuando le preguntan qué significa el ciclismo para ella. Lo cierto es que ellos llegaron antes que el ciclismo. La bicicleta llegó después, gracias -o por culpa- de su marido. A día de hoy, ser ciclista y madre de dos preadolescentes es un reto mayúsculo. “Madrugo mucho para poder compaginar la vida ciclista con la de madre. Además, tengo la suerte de tener un gran apoyo por parte de mis padres. Ellos están ahí cuando entrenamos o competimos”. Pocas personas en el mundo podrán decir que su luna de miel fue en una carrera ciclista. Es el caso de Estefani que, junto a su marido Luis, corrieron la Titan Tropic Cuba en 2015 para celebrar su matrimonio. A sus 41 años, Estefani tiene la agenda llena de planes en los que solo hay tres palabras: “Bicicleta, aventura e hijos”.

Sofía Fortuna

Hace 11 meses, la llegada de Martin le cambió la vida por completo. A sus 33 años, la vida de Sofía giraba en torno a sus salidas en bicicleta con su pareja y amigos, sus entrenamientos de Trail Running por la montaña y a su negocio. Hace casi un año, todo cambió. Ahora, los entrenamientos son por turnos y han cambiado. La bici ha pasado a estar por delante de las zapatillas. “El suelo pélvico todavía está débil y tengo que tener cuidado con el impacto”, reconoce Sofía. ¿Cómo hace para salir a rodar junto a su marido como antes? La solución está en una “canguro”. “A veces la llamamos para que venga por la mañana y así poder salir juntos”. Como, por el momento, Martín no puede leer esto, haremos un spoiler: el pequeño de la casa ya tiene preparada su primera bicicleta en casa. Aunque por ahora disfruta de la sillita que han instalado en la Brompton. Ojalá, dentro de unos años, Martín pueda leer estas líneas y entender de dónde viene su pasión por las bicicletas. Su madre, Sofía Fortuna, tiene la culpa.

Isabel Lozano

A Isabel, el ciclismo le cambió la vida radicalmente. Una bicicleta abandonada le trajo un marido y un hijo. Sí, tal y como se lee. Tras haber sufrido el robo de su propia bicicleta, en su propio garaje, Isabel decidió que aquello no podía quedar así. La casualidad, como todo en la vida, hizo que se encontrase una bicicleta abandonada en la basura. Ni sus ruedas pinchadas ni su desastroso estado le hicieron dudar, ¡esa sería su bicileta! Era de paseo, por lo tanto, había que sacarla a pasear. Y las calles de Barcelona fueron la excusa perfecta. “Quizás debería comprarme una bicicleta de montaña. Me la compré. En dos días me enamoré, pero mi hermano me convenció para probar una de carretera. Ahí cambió todo.” ¿Qué viene después de comprar una bicicleta de carretera? A parte del primer golpe, el estudio biomecánico. Y es en ese momento cuando la vida de Isabel dio un giro de 180º, algo que ella ni sospechaba. Quien le hizo ese estudio biomecánico, a día de hoy, es el padre de su hijo y actual pareja. Pol tiene 8 meses, todavía no conoce esta historia, pero cuando la lea en unos años o se la cuenten, seguro que le provoca el mismo amor que siente su madre por el ciclismo. “Para mí, el ciclismo significa desconectar, superarme, recargar energías… es todo positivo. Ahora valoro mucho más las salidas, ya que lo puedo hacer menos. Debes encontrar el equilibrio entre estar con tu hijo y disfrutar de tu afición.”
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